Sentir sus dulces manos otra vez sobre mi piel, me hicieron recordar aquella noche en que le confesé que nadie me había tocado de esa manera. Sentir el roce de piel con piel fue el mayor placer. Sus labios, rojos, carnosos, excesivamente suaves; acompañados con su saliva que hace que se deslicen por mi boca.
La luz se apago para nosotros, nos seducía a incitarnos.
Mientras nos acogíamos en nuestro amor, en nuestra pasión, podía sentir cada musculo retorciéndose; me gusta escuchar su respiración agitarse.
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